Una mañana movidita

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Una mañana movidita

Mensaje  carlostheoracle el Miér Mayo 26, 2010 9:12 pm

Os dejo otro fanfic, este sobre Superman. Lo escribí utilizando una técnica inventada (o perfeccionada, no recuerdo bien) por Truman Capote, llamada "Icon Collective Eye", es decir utilizar iconos de la memoria colectiva (Superman, una estación, un tren, etc) para evitar las descripciones extensas y centrarse en la acción. Además, escribí el relato usando de fondo el tema principal de la película e intentando seguir el mismo ritmo, por lo que, si lo escucháis mientras leeís, gana mucho. Aviso: es algo largo XD

Estación Grand Central, 7:30 AM

Una vorágine de gente se movía a esas horas por la estación, todos entrando, como un torrente, en los distintos trenes que discurrían por el monorraíl, pensando en entrar a sus trabajos y aguantar la larga jornada laboral...

El tren número 238 no era muy diferente de los demás. Cuando se dio la orden de salida, el conductor bajó la palanca, como cada mañana, rutinariamente. La enorme máquina de metal empezó su pausado vaivén, adquiriendo progresivamente más velocidad a medida que remontaba la vía única que discurría por encima de la ciudad.

Sin embargo, bajo todo aquel acero, algo no marchaba como debería. Nadie pudo escuchar el inconfundible sonido de algo que se rompía, y nadie pudo ver la pieza soltándose...

Pero todos se dieron cuenta de que el tren no paraba.

Daily Planet, 7:55 AM

Clark se aburría. Estaba escribiendo una reseña sobre una exposición de joyas en el Museo Metropolitano. Desde que había entrado a trabajar, se había pasado la mañana leyendo teletipos, mails y faxes. Había empezado a organizar una agenda para citarse con todos los ciudadanos pudientes que iban a asistir a la inauguración. “¡Qué pérdida de tiempo!”, pensaba, pero claro, cuando no había sucesos, no quedaba otra que escribir sobre sociedad. Para colmo de males, Lois y Jimmy no estaban, habían ido juntos a cubrir un reportaje en un oleoducto. Si no tuviera que dar una imagen de periodista serio, se pondría a hacer bolas de papel y encestar en la papelera...

Al mismo tiempo, enfocaba distraídamente su superoído, barriendo la ciudad. Casi estaba deseando que pasase algo, no es que le gustara ver gente sufriendo, pero sería mil veces mejor que aquel bucle largo y aburrido en que se encontraba. Como si alguien hubiera escuchado sus plegarias, escuchó un gran objeto moverse a gran velocidad, y un griterío en su interior. Sin dudarlo un momento, Clark se levantó y se dirigió a la salida de incendios. Una vez allí, y tras asegurarse de que no había nadie, se quitó las gafas y empezó a correr escaleras arriba, hasta convertirse en un borrón indistinguible por el ojo humano. Mientras, se abría la camisa, revelando un traje ajustado al cuerpo que llevaba debajo, con un inconfundible escudo en su pecho, una “S” roja y amarilla...

Cielo de Metrópolis, 8:07 AM

Ya como Superman, Clark se elevó por encima del globo del Planet, y enfocó su visión telescópica en la dirección de la que venían los gritos. Antes de dirigirse hacia allí, se bañó por unas décimas de segundo en la luz del sol, recargando su fisonomía kryptoniana con los benefactores rayos amarillos. Tras esto, voló en diagonal hacia abajo, para no molestar al tráfico aéreo, metiéndose entre los edificios. Pudo oír las exclamaciones de admiración de la gente: “¡Mira, en el cielo!” “Es Superman”, especialmente de un grupo de escolares que viajaban en un autobús, que le saludaban con la mano. Les miró y les dedicó una sonrisa, tras lo cual centró toda su atención en el accidente. Bañó con rayos X el lugar donde se estaba produciendo la emergencia: un tren lleno de pasajeros que corría endiabladamente rápido por el monorraíl. Si no se le detenía a tiempo, descarrilaría y provocaría numerosas muertes. Por el momento, parecía que el conductor lo mantenía estable. En su interior, los pasajeros parecían estar bien, salvo una persona, que estaba tendida en el suelo. Superman la enfocó más de cerca, y pudo corroborar lo que ya sospechaba: era una mujer embarazada, y seguramente los nervios y la tensión habían acelerado las contracciones, provocando que el pequeño que llevaba en su interior quisiera salir en aquel mismo momento. Debía darse prisa...

Mientras aceleraba el vuelo, Superman empezó a madurar un plan para detener el monorraíl. No podía simplemente pararlo con su superfuerza, ya que la vibración resultante podría dañar a algún pasajero, e incluso hacerlo descarrilar, cosa que debía ser evitada a toda costa. Lo primero era hacer que el tren dejase de rodar. El héroe llegó a la altura del tren, poniéndose paralelo a uno de sus costados y volando de lado. Los pasajeros, al verle, empezaron a pedirle ayuda, mientras otros suspiraban aliviados y elevaban numerosas oraciones. El Hombre de Acero alcanzó la cabina. Al verle, el conductor dijo: “Superman, gracias a Dios”. Observó la parte baja del tren con sus rayos X, y vio el problema: los frenos se habían roto. No era momento de dudar, enfocó sus ojos sobre el motor y, a una orden mental suya, sus nervios ópticos se inflamaron, acumulando parte de la energía solar que almacenaba en sus células. Solamente un delgado rayo bastaba, ni siquiera se vio rojo, aunque sí podía oírse un ligero “Fzzzzt” cuando el aire se quemó cediendo a los rayos de calor que sus ojos lanzaron. El motor se destruyó con una ligera explosión.

La primera parte del trabajo ya estaba hecha, pero claro, el monorraíl no se paraba, estaba demasiado afectado por la inercia. Superman se elevó ligeramente a la vez que giraba hasta ponerse perpendicular al suelo, o mejor dicho, al tejado del tren. Extendió sus manos y clavó sus dedos en el acero, que cedió fácilmente ante la piel invulnerable. Poco a poco, Superman deceleró, absorbiendo parte de la fuerza cinética y restándosela a su vez al tren, que frenó poco a poco.

El héroe se dirigió hacia la puerta más cercana a donde estaba la mujer tendida, y la arrancó con su superfuerza. Cuando entró, todo fueron vítores, algunos aplaudían, mientras que otros lloraban. Por doquier podía oír cosas como: “¡Gracias, Superman!” “¡Nos has salvado!” “¡Sabía que vendrías!”, e incluso muchos lo tocaban o tiraban de su capa, pero no podía pararse. Levantó las manos y dijo: “Comprendo que estén agradecidos, pero he venido a llevar a la señora embarazada al hospital. Déjenme pasar, por favor”. Nadie dijo nada, simplemente se apartaron respetuosamente. Superman contempló la escena, ahora de primera mano: era una chica de unos veinticinco años. Un chico, vestido con traje, que debía rondar los treinta, estaba a su lado, cogiéndola de la mano. “Superman”, dijo el joven, “me llamo Paul, soy su marido. Ella es Stelle”. “Bien, Paul”, dijo su interlocutor, “llevaré a tu esposa al hospital más cercano, el Metrópolis Memorial. Tú pide que te lleve la policía que está fuera, explícales la situación y lo harán”. “De acuerdo, gracias, Superman”.

Tras esto, el héroe cogió a Stelle en brazos. “Agárrate”, le dijo, y la chica obedeció al instante. Superman salió por la puerta, y emprendió el vuelo, despacio, sin abusar de su velocidad para no dañar al feto. Observó la barriga con sus rayos X.

“Está muy sana”, le dijo a la futura madre sonriendo, “¿es la primera?”
“Sí”, respondió ella. “Dios, como duele”, frunció el ceño cuando dijo estas palabras.
“No te preocupes, ya llegamos. ¿Cómo la vais a llamar?”
“Marion, como su abuela”
“Un nombre precioso”

Tras esto, finalmente llegaron al hospital, el campeón de Metrópolis aterrizó suavemente en la calle, y colocó a Stelle en una camilla. “Está de parto”, dijo a los enfermeros que había por allí, “daos prisa”. Desde la camilla, Stelle movió el brazo diciendo “Gracias, Superman”. Un médico se acercó al héroe.
“Lo estábamos viendo por televisión. Ha sido increíble, Superman, has salvado centenares de vidas”.

“Sólo he hecho mi trabajo, doctor. Que tenga un buen día”. Tras decir esto, empezó a elevarse.

“Gracias, Superman. Tú también”.

Voló de vuelta al Planet. Mientras lo hacía, sonrió socarronamente. Casi podía ver la cara de Lois cuando se enterase que de nuevo le había robado una exclusiva sobre Superman. Por lo menos, se había desestresado, al fin y al cabo la mañana no iba a ser tan aburrida como tenía pensado en un principio, había salvado a mucha gente, y había ayudado a traer una nueva vida al mundo. Se sentía bien. Ahora, tocaba hablar con Perry sobre el cambio de reportaje...

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Re: Una mañana movidita

Mensaje  SomnisCongelats el Miér Mayo 26, 2010 9:24 pm

mola Smile
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Re: Una mañana movidita

Mensaje  Tzen el Jue Mayo 27, 2010 2:11 am

Joer que capuyo el superman, ya podria haber llevado tambien al marido al hospital. Con su superfuerza dolo necesita una mano para cada persona! XP

Esta genial! pero date cuenta todo lo que hay que escribir para que en una peli te lo machaquen en 10 minutos! Y_Y

PD: ay casi se me olvidaba poner unos chistes estupidos!!
¿Donde cuelga superman su traje cuando llega a casa? en superchero XD
y que lee por las mañanas? superiódico XD
y que toma batman para merendar? un batido XD
y que se pone para estar en casa? la batamantaaaaaaa XD (si no habeis visto el video, buscadlo en youtube ^_^ )
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Re: Una mañana movidita

Mensaje  carlostheoracle el Jue Mayo 27, 2010 2:15 pm

Joder, que chistes más malos, molan XDDDDDDDDDDD

Hombre, no creo que llevar una parturienta con una mano sea la solución, imagínate que le da al niño por salir en el aire y se cae... con que le cojería Superman entonces? con supene? jajaja

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Re: Una mañana movidita

Mensaje  Tzen el Jue Mayo 27, 2010 5:09 pm

jajajajaaj muy buena esa XD

pueees....habra formas de llevar a una embarazada con un
brazo sin peligro de que se le caiga el bebe, creo yo XD

que conversacion mas bizarra -_-
mola XD
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Re: Una mañana movidita

Mensaje  carlostheoracle el Jue Mayo 27, 2010 6:02 pm

Ya ves xD

Hombre, siempre podría aguantar a uno de los dos con los dientes (de la ropa, se entiende) e ir a por el niño, pero la imágen podría ser buena jajajaj

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Re: Una mañana movidita

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